Recojo esta acertada reflexión firmada por José Luis Arellano y publicada en Extremadura al Día.
Extremadura, la que menos contamina
Según el informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros, Extremadura con Murcia, Valencia y Madrid, es una de las regiones que menos contamina, sino la que menos de España; es la que menos emisiones de CO2 por habitante emite en nuestro país. Según parece, la media de emisiones en conjunto, se sitúa en 9,2 Toneladas de CO2 por habitante; una cifra que en el caso de Asturias se triplica (31,1 Tm.).
En términos absolutos, las regiones más contaminantes son Cataluña con 53.161 Kilo/Toneladas de CO2 equivalente, seguida de Andalucía y Castilla León. Pero hoy Extremadura, ofrece una visión más radiante, de mejores tonalidades, de más quimera, más cercana a lo que corresponde a una colectividad más dinámica, que mira al futuro y se solidariza con el desarrollo tecnológico y con la idea de la sociedad de la ilustración, pero que se resiste al extermino rural.
Un investigador del Centro Forestal del INIA, nos decía no hace mucho tiempo, que un estudio reciente, demuestra que las encinas extremeñas retienen en su biomasa (tronco, ramas, hojas y raíces) 74,5 millones de toneladas de CO2 y que cada año siguen “secuestrando” 1,2 millones de toneladas de CO2 por efecto de su crecimiento. Estas cifras, por si solas, no dan idea de la importancia de esta nueva “producción” de la encina; es preciso ponerlas en relación con otras magnitudes más conocidas para hacerse una idea más cabal de su importancia.
El Dióxido de Carbono fijado cada año por los encinares extremeños equivale, aproximadamente, al 11´5% del total de CO2 emitido en un año por todas las actividades de la Comunidad Autónoma de Extremadura. Supone asimismo el 50% del CO2 emitido por el sector del transporte, el 42% del emitido por la actividad industrial, el 78% del emitido por la actividad agrícola y el 52% de las emisiones producidas por los hogares extremeños.
Luego, esta importante contribución de nuestros encinares a la purificación de la atmósfera, no se circunscribe solo a la región extremeña; sus consecuencias repercuten en todo el globo terráqueo, contribuyendo de forma muy positiva a la reducción del calentamiento global y a la moderación que se está produciendo por el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.
Nos decía Gregorio Montero (Investigador del INIA), con mucha razón, que en términos de renta el 1,2 millones de toneladas de CO2 que fijan anualmente los encinares de nuestras dehesas, alcanzarían un alto valor en el mercado europeo de bonos de Carbono.
Es verdad que la legislación, no permite comercializar el CO2 fijado por bosques naturales que no hayan sido plantados con esos fines, según lo previsto al respecto en el protocolo de Kyoto, pero su contribución a la remisión del cambio climático es, en cualquier caso, indiscutible.
Y si el metro cúbico de Aire puro, del que respiramos en Extremadura, pudiéramos venderlo al precio del petróleo, yo no estaría a favor de la REFINERÍA DE BALBOA, S. A., como lo estoy; porque estaríamos disfrutando no solo de un entorno natural privilegiado, sino también de un nivel de ingresos acorde con los países más desarrollados; por que: ¿ Son conciliables una idílica calidad de vida y un mayor nivel de renta ?.
Visto lo visto: ¿ Es que no sería injusto, que nos exigieran que nuestro nivel de contaminación fuera cero; después de lo que estamos padeciendo?
José Luis Arellano